El desierto del 2025
- Karla González

- 4 abr
- 20 Min. de lectura
Actualizado: 10 abr
Una gran porción del territorio bajacaliforniano es desértica y dentro de esa extensión existen fronteras vegetales que no se reconocen a simple vista si no eres alguien que se dedica a estudiar la vegetación. El desierto maravilla con sus paisajes, para unos tanto que deciden comenzar su estudio. En mi caso las plantas sembraron ese deseo de adentrarme en esos horizontes tan reconocidos de Baja California y conocer más.
Viajar a las regiones áridas que están alrededor de la provincia florística de las californias respondió a esta necesidad, una práctica meticulosa donde tuve que definir un tiempo adecuado para las visitas y un seguimiento de las temperaturas para alejarme de condiciones extremas. El primer sitio visitado con el objetivo de aprender de la flora desértica fueron la Sierra Cucapá, cerca de la ciudad de Mexicali en enero del 2020, junto a unos amigos que buscaban senderear. Yo no practico senderismo, pero seguido acompaño a algunos que tienen ese objetivo porque son de las pocas personas que se aventuran a ir al monte en grupo. Aunque no les puedo seguir la velocidad, mientras ellos buscan llegar a la cima en un tiempo determinado, yo me quedo atrás viendo las plantas que están a lado del camino.
Semanas después de ese viaje, por trabajo tuve que ir a Phoenix, Arizona, un lugar que está dentro del Desierto Sonorense, mismo que se encuentra en Baja California. No pensé que tendría tiempo para explorar la flora del lugar, realmente teníamos que concretar nuestra tarea en un ir y venir, pero mi entonces compañera de trabajo que fue la que manejó en todo ese viaje desde Mexicali, decidió darnos unas cuantas paradas en el camino para explorar. Y esos pocos minutos a lado de la carretera fueron maravillosos acompañados de un silencio, soledad y muchos "clics" de mi cámara. En ese entonces, todavía no tenía la idea de convertir mis visitas al desierto en una rutina, pero Phoenix fue sin duda un lugar que plantó la semilla.
"Me crie con la idea del paisaje como refugio, con la posibilidad de salir del plano horizontal de las relaciones sociales y acceder a una alineación vertical con la tierra y el cielo, la materia y el espíritu. Los grandes espacios abiertos son los que mejor satisfacen este anhelo, espacios que yo encontré primero en el desierto." - Rebecca Solnit
El paisaje desértico de la carretera de Tucson a Phoenix, Arizona fue para mi revelador. Los colores verdosos vivos se reflejaban en las plantas, especialmente en los Saguaros, gracias las lluvias del invierno pasado; los tonos rosados y lilas estaban finamente presentes por algunas flores que se alcanzaban a apreciar entre los grandes arbustos de la gobernadora y mezquites, y otros destellos azulados iban apareciendo conforme el atardecer comenzaba a asomarse. El viento era seco, como siempre en estos sitios, pero aún no hacía tanto calor, así que se podía disfrutar de la luz del sol sin sentir que me estaba quemando. A pesar de que la parte sureña del desierto sonorense (Baja California y Sonora) poseé factores bióticos y abióticos similares, éste lugar en particular dejó algo plasmado en mi que fue el antecesor a los deseos de conocer más de las particularidades de este desierto. No era el deseo en sí lo que surgía, era lo que ocurre antes: la curiosidad.
En 2021 todos teníamos miedo de salir de nuestras casas y no hubo viaje que pudiera llevar a cabo por lo mismo, tampoco salir era lo más sensato dado las circunstancias de ese año. Las fotos de esos momentos en Arizona, cerca de los Saguaros distorsionados por la velocidad del carro en el que viajábamos y los azules celestes que se iban difuminando a lo lejos, eran lo que me quedaba. Lo digital pudo guardarme sentimientos de exploración insatisfechos, que se pudieron liberar al año siguiente, mientras solo me ponía al leer y seguir explorando mis tierras mediterráneas.

Cuando llegó el 2022, justo unas semanas antes de primavera. Unos amigos me invitaron a viajar con ellos a San Felipe con el propósito de vacacionar un par de días para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Yo no había visitado este municipio antes, de niña mis papás nos llevaban a mi y a mis hermanos por largos viajes en carretera de Baja California a Sonora y viceversa, también por toda la península llegando hasta Cabo San Lucas, sin embargo, por alguna razón San Felipe no fue un destino para ellos dentro de estos múltiples viajes. Hasta ese entonces para mí era un ejido o un lugar parecido a Valle de Mexicali, y no sabía realmente qué esperar. En ese paseo pude conocer la playa de Punta Estrella que está un poco hacia el sur, y Valle de los Gigantes que está un poco al suroeste de ahí. Este último lugar en especial amplió más la imagen que empezaba a construir sobre el Desierto Sonorense gracias a sus altos cardones, las verbenas moradas en el suelo y los cerros monocromáticos de su alrededor.
Fue un viaje que disfruté mucho. Vi otras formas de ramas, de flores, de tonos de verde, de lilas, de amarillos, vi una oportunidad en mi vida: visitar el desierto una vez cada año como un esfuerzo por darme un espacio y tiempo para explorarlo. El comienzo de un ritual.
San Felipe y mis amigos fueron testigos de esta promesa.

El Gran Desierto
El Desierto Sonorense es uno de los desiertos más amplios de Norteamérica, abarcando dos países:
México: Dentro de la península de Baja California, Islas del Golfo de California y casi la mitad del estado de Sonora.
Estados Unidos: Al sureste de California y una gran parte del suroeste de Arizona.

Para mí aprender de él significa abarcar lo más que se pueda de su extensión, por lo tanto los viajes no serían al mismo lugar. Después del 2022, he visitado diferentes sitios: Sierra Cucapá, Laguna Salada y Anza Borrego (California) en 2023, Anza Borrego nuevamente en el 2024 y Cataviña el pasado 2025, que de éste último me enfocaré y extenderé en este escrito.
Mi intención siempre ha sido ir en primavera, principalmente por la floración prominente en esa temporada y especialmente porque no hace mucho calor. La temperatura incrementa justo dos semanas después de que inicia y se ve el cambio radical del pronóstico que va de 20°C a 27°C de un día para otro.
Gran parte de las plantas anuales y arbustos perennes de este desierto se ponen más verdes debido a la humedad que dejaron las lluvias de esta estación. Con el aumento de la producción de hojas y flores, se encuentra más actividad de insectos disfrutando de este resurgimiento cíclico. Hay mucho que ver cuando hay más color en el horizonte, surge un rayo de dopamina en tu cuerpo que te hace disfrutar el doble del lugar, lo cual le veo conveniente si vas comenzando en el estudio de la flora y fauna de los desiertos.

Los Saguaros y los Cardones tienen algo que te hace replantear las cosas, o tal vez sea el desierto mismo. Tal vez el tamaño inmenso de estas plantas me hacen sentir más pequeña, parecido a como me siento cuando veo la vía láctea en San Pedro Mártir. Podría ser también que su capacidad de sobrevivir a condiciones extremas y aún así lograr ser tan verdes y fuertes se me haga algo mágico difícil de comprender, que a pesar de conocer la parte científica al respecto, me sigue dejando boquiabierta.
Hay algo también en el color beige de los suelos que juegan con la percepción de las texturas, de lejos aparentan suavidad, sobretodo cuando caminas entre ellos, pero al acercar los ojos a ellos se pueden observar las duras fracciones diminutas de cuarzo roto que los conforman. La sensación de apretar con tus manos arena de playa no es la misma cuando usas arena del desierto. A esta textura, y a los poros que se forman cuando se juntan esos mini cuarzos, es a lo que se han adaptado las plantas nativas de estas tierras, donde sus raíces crecen y se expanden casi siempre en dirección horizontal.
En el desierto sonorense los suelos no poseen humedad la mayor parte del tiempo, incluso después de llover. Puede caer lluvia a las 10 am y a las 12pm del mediodía el suelo se verá igual de seco que antes. Las especies de plantas deben aprovechar lo más que puedan de la poca agua y humedad disponible al año, por eso sus raíces yacen a pocos milímetros de la superficie, extendidas alrededor de ellas para capturar más rápido las gotas antes de que se evaporen. El Cardón (Pachycereus pringlei) y el Saguaro (Carnegiea gigantea) son un buen ejemplo de esto. Sus raíces pueden medir más qué lo que mide la planta de alto.

El viaje a Cataviña lo planifiqué originalmente para ir en primavera, pero la vida tuvo otros planes conmigo y tuve que cambiarlo para los meses de otoño, aun sabiendo que la floración no iba a abundar como en los meses de febrero y marzo. Debo admitir que los coloridos pétalos llamaron primero mi atención antes que otras cosas en el desierto, al menos para comenzar su estudio. Disfruto mucho las flores y su gran poder de cambiar el color de los suelos y los cerros, aunque sea por un breve tiempo. La idea de una visita sin grandes exhibiciones de color entre la vegetación como lo habían sido las visitas anteriores, me daba algo de nervios y sí me hizo replantear la idea de mejor esperar hasta la otra primavera, pero recordé que si realmente quiero conocer al desierto debo ver también su otro rostro, ese que marca más la severidad de la sequía.
Lo que mayormente corresponde al otoño en el desierto sonorense es el crecimiento de hojas nuevas de las especies caducifolias (las que tiran sus hojas en los meses más calurosos) junto con algunas floraciones gracias al agua que trae la temporada de monzones, y la dispersión de las semillas de esas mismas flores. Aunque no haya grandes parches de colores, los paisajes siguen siendo interesantes en esta época, y ecológicamente importantes. En el desierto, se les dice “monzones” a las lluvias de verano (“Monsoon Season” o “Summer Monsoon” en inglés) y ocurren porque en estos meses del año el viento cambia su dirección acercando aire húmedo a la región, el cual se transforma en tormentas eléctricas. La palabra “monsoon” no se refiere en sí a la lluvia, si no a este fenómeno climático.

Así fue como el 25 de octubre emprendí el camino hacia Cataviña, saliendo a las 5:30am desde Ensenada en mi intento de aprovechar cada hora de luz que el horario de invierno permite, ya que el plan era llegar ese mismo día. Pasé por los ya conocidos horizontes mediterráneos de Eréndira, San Vicente, y San Quintín, hasta llegar al desértico Poblado El Rosario. No solo lo natural de los sitios me asombran en toda la carretera cada vez que paso entre ellos, también los campos con cultivos de fresas cubiertos de techos blancos, el notorio disturbio que hay por los incendios recientes y las modificaciones por los desmontes derivado de la construcción de nuevas colonias. Todo esto muestra la complejidad de habitar un espacio. Siempre que tengo oportunidad de ver estos paisajes trato de imaginar las posibilidades de encontrar un equilibrio entre “la tierra es de quien la trabaja” y la conservación de la biodiversidad en México. Siempre me es difícil llegar a una sola conclusión.
Mientras pasaba por El Rosario, aparecieron individuos de Agave de la Costa (Agave shawii), uno a uno hasta que su abundancia se hizo presente. A las faldas de los cerros se alcanzan a ver extendidas estas rosetas puntiagudas gigantes color verde oscuro. En algunas de ellas se pueden encontrar otras más pequeñas apenas creciendo, estas son sus clones. Otras se ven cafés y deshidratadas, siendo las que murieron después de florecer, incluso se puede ver pegada a su centro la vara alta seca que contenía las flores blanquecinas que solo salen una vez en la vida de la planta pero que atraen a los colibríes de este lugar. La roseta siempre está restringida al suelo y sus hojas crecen desde un solo punto, llegando a una altura de entre 35 a 70 cm.

El concepto de una planta que muere después de dar una única floración es algo interesante. Hay algo romántico y abrumador en ofrecer solo una vez una parte importante de ti. Ver a las aves revoloteando cerca de eso que creaste, insectos caminar por esa columna llena de esperanza para luego regresar al suelo en forma de un cúmulo de semillas una vez que se escapa tu verdor. Un puñado de posibilidades, en eso se convierte el Agave de la Costa una vez que termina su ciclo de vida.

La palabra “roseta” hace referencia a una rosa de vivero convencional ya que el crecimiento de las hojas del agave es parecido al de los pétalos de esta planta, los cuales se acomodan de forma circular. Si se quitan estos pétalos uno a uno, de afuera hacia adentro, se podrá notar ese acomodo. Esto le permite a A. shawii capturar el agua de las brisas marinas y de las lluvias anuales dirigiéndola hacia sus raíces. Las espinas que se encuentran en las orillas le permiten defenderse de herbívoros depredadores o cualquier otro ser vivo que se acerque con malas intenciones.
La distribución de este agave, como nos lo dice su nombre común, abarca áreas costeras del sur de California y Baja California, teniendo una presencia más fuerte en tierras mexicanas que estadounidenses. Antes del gran desarrollo turístico, portuario y agrícola, en lo que era el municipio de Ensenada, teníamos oportunidad de contemplarlos por toda la línea costera, de forma continua. Los pocos que van quedando y resistiendo esta destrucción se ven en parches separados unos de otros, sin conectividad alguna.

Pasando los Agaves de la Costa entre los suelos arenosos bajo los cerros hicieron su aparición los primeros Cardones y Cirios.
Desde Rosario hacia Cataviña los individuos de estas dos especies van apareciendo en cantidad y tamaño de menor a mayor, así como con el agave anterior a ellas. Los primeros cirios no son de más de 2 metros y no hay tantos de ellos alrededor, mientras se avanza se va viendo el cambio en la altura y comienzan a formarse las colonias.
A medida que avanzábamos, el aire ya se percibía un poco más caliente anunciando la entrada al famoso Valle de los Cirios o Desierto Central (otro nombre que tiene la región). Cataviña está dentro de este valle. El horizonte comenzaba a verse más árido y las escenas imaginarias se asomaban en mis pensamientos formando preguntas complejas... "Si un día tuviera que quedarme varada en estos lugares. ¿Podrían las plantas de aquí ayudarme a sobrevivir? ¿O serían parte de la condena mortal inevitable que trae el desierto para los no aptos?"

Es normal imaginar a los desiertos desolados y sin esperanza, con su vegetación marchita o nula y huesos de alguno que otro animal que sobrevivió a las altas temperaturas. Las películas famosas que han intentado retratar los desiertos han sido participe en crear esta imaginaria colectiva con la que crecimos muchos. Desde mis años en la universidad tenía en cuenta que esas imágenes retratadas eran una mentira en lo que respecta a Baja California, pero me quedó más claro cuando comencé a estudiar la flora de la región, especialmente la del desierto sonorense.
Abundancia es una palabra que tristemente no asociamos con esta región pero hay una planta que la representa muy bien: La Gobernadora (Larrea tridentata). Esta fue una de las primeras plantas que encontré en este viaje y que respondió a mi interrogante sobre la supervivencia.

Si bien la gobernadora no va a darme agua, me podrá dar medicina. La planta es conocida por apaciguar distintos males del cuerpo como los síntomas relacionados a la gripa, piedras en el riñón, dolor de huesos, reumatismo, dolores premenstruales, llagas y otras heridas; así como también se ha usado como anticonceptivo entre las mujeres indígenas. Gracias a las comunidades nativas como los Cucapá, Paipai, Papago, Anglo, Yaquis mexicanos entre otros, es que podemos conocer sus propiedades medicinales. La ciencia sigue investigando cuáles son los componentes exactos de esta planta que permiten la curación de estos males.

Me detuve a la mitad del camino antes de llegar a Cataviña, ya faltaba poco pero quería empezar a hacer mis anotaciones sobre las plantas antes de llegar al lugar. Hasta este punto no me había detenido excepto para comer en el Poblado de El Rosario. Una de las primeras cosas que vi al dirigirme hacia la vegetación fue un parche amplio de mezquites chaparros muy verdes, y alrededor algunos cactus creciendo junto con la Gobernadora.
Fue un gusto saludarla nuevamente, la he visto en los viajes pasados, la primera vez en Phoenix junto a los grandiosos Sahuaros (Pachycereus pringlei). Es bonito ver como es un factor común en una región tan extensa.
La especie migró del sur del continente americano hace miles de años y, cuando llegaron las eras de hielo, se concentró en pequeñas poblaciones dentro del Bajo Colorado (Arizona, una pequeña parte de Nevada y California) y un pequeño refugio del lado del Golfo de California. En las glaciaciones que ocurrieron después, la Gobernadora comenzó a extenderse desde esas áreas hacia el Desierto de Mojave y el Desierto de Sonora. Desde hace 4,500 años aproximadamente su extensión ha crecido hacia el desierto de Chihuahua, según hallazgos del investigador van Devender que se exponen en el libro “Gathering the Desert” (Reuniendo el Desierto) del autor Gary Paul Nabhan. Este libro tiene un capítulo muy bello llamado “The Creosote Bush Is Our Drugstore” (La Gobernadora es nuestra farmacia), recomiendo mucho leerlo. El nombre de ese capítulo es en honor a lo que respondió una Nativa Americana de Texas cuando le preguntaron sobre medicinas para curar la tos.

Para ese momento cuando la encontré apenas había algunas flores de la planta asomándose. La poca lluvia que cayó en semanas anteriores permitió que esta y otras plantas florecieran brevemente. Bien dijo Antoine de Saint-Exupéry “lo esencial es invisible a los ojos” y así son para nosotros los bancos de semillas que se van acumulando en el suelo con los años. La mayoría de plantas nativas de la región generan semillas muy pequeñas, algunas apenas se pueden ver a simple vista.
La Gobernadora que yo observaba estaba junto a un cactus llamado "Cabeza de Viejo" (Lophocereus schottii).

Tal convivencia entre ellas, que se muestra en esta foto, nos dice que no conocen el concepto de “espacio personal”. Si ponen atención cuando vayan a campo, verán que muchas especies de plantas crecen muy cerca unas de otras, pero demasiado cerca. En el matorral costero y chaparral es muy común ver esto, por ejemplo. He visto más de 5 especies creciendo dentro de un metro cuadrado.

El Cabeza de Viejo o Lophocereus schottii como lo conocemos en el medio científico, es una especie endémica de México, que se puede encontrar en Sonora y gran parte de Baja California. Otros nombres registrados son “Garambullo” y “Senita Cactus”. Se puede reconocer en el campo al ver varias columnas juntas creciendo de manera vertical desde cerca de la base, con un conjunto de espinas blanquecinas justo en la parte más alta. Es de estas espinas que recibe su nombre común, para muchas personas, aparentan canas. Esta parte del cactus recibe el nombre de “pseudocefalio” (“pseudo” significando “falso” por su origen griego y “cefalio” significando “cabeza” ya que viene del latín “cephalaea” ), es donde se producen sus flores y frutos. Se dice que la orientación con la que crece ayuda a que las flores no estén expuestas a las temperaturas altas del desierto. Y con justa razón, ya que L. schotti florece en los meses más calientes del año (entre junio y septiembre).
Por lo que se ve en campo podemos llegar a la conclusión de que Cabeza de Viejo es buen compañero de L. tridentata, pero también es común encontrarla haciéndole compañía a Palo Fierro (Olneya tesota), un hermoso árbol con distribución mayormente restringido al desierto sonorense. Esta planta no la encontré en mi camino a Cataviña (prefiere más la zona costera del golfo californiano) pero me parece importante mencionar esta asociación entre ellas.

Tener aliados en el desierto es beneficioso, hay una polilla llamada Polilla del Cabeza de Viejo (Upiga virescens) el cual tiene una relación mutualista con el L. schottii. Este insecto recolecta polen, poliniza sus flores y las utiliza para la anidación colocando sus huevecillos dentro de ellas para que la siguiente generación pueda alimentarse de sus semillas.
En ecología (hablando de la ciencia), antes de declarar una relación "mutualista" se debe averiguar si cierta dependencia de una especie a otra causa estragos para alguno de ellos. En el caso de L. schottii y U. virescens se ha demostrado que ninguno de los dos afecta negativamente al otro. El cactus no interpone gran obstáculo para la polilla a la hora de reproducirse ni la polilla al cactus. No hay ningún químico que la planta genere que intencionalmente ahuyente a la polilla, ni la polilla se vuelve un parásito para la planta. Es una relación "bien calculada" por decirlo así, donde ambos cooperan respetando sus propios límites. Las polillas hembra solo ponen un huevo en cada flor, y las larvas una vez que salen del huevecillo deben “huir” del endurecimiento de la corola que ocurre justo después de seis días si no, no logran sobrevivir.
Esta codependencia entre la polilla y la planta se ha formado por miles de años en la región del desierto sonorense, y fue descubierta hace poco más de 20 años.

Además de los visitantes florales y las relaciones mutualistas o simbióticas que existan con Cabeza de Viejo, debemos reconocer también su gran potencial de combatir el cáncer. En uno de los varios estudios que existen al respecto, se observaron a ratones desarrollar menos volumen tumoral al aplicarseles extracto etanólico de la planta, lo cual ha hecho crecer el interés en tratamientos a humanos, aunque aún hace falta hacer más estudios para encontrar los químicos exactos que ayudan a disminuir las células del cáncer. ¿Quién pensaría que un cactus en medio del Valle de los Cirios podría tener este potencial? Sin duda es una gran victoria contar en nuestra región con una especie que está siendo considerada beneficiosa para tratamientos anti-cancerígenos.
Es increíble que una especie con tantas maravillosas características se encuentre en la categoría de “Protección Especial” dentro de la lista oficial de especies en peligro de extinción (Norma Oficial Mexicana 059). L. schotti ha sido víctima de la falta de respeto que hay en muchos de los visitantes de las áreas naturales y del egoísmo que acompaña a la extracción ilegal. Si bien se encuentra en una categoría menos grave, no significa que esté a salvo del todo, y menos con los retrocesos que hemos tenido con el cuidado ambiental en los últimos años (menos apoyo gubernamental, por ejemplo). Cuando se descubran los componentes químicos exactos para los tratamientos contra el cáncer, será necesario poner pautas para la extracción de los mismos y así no caiga en lo que llevó a la especie a entrar en esta lista. Cultivarla podría ser una opción, aunque su crecimiento es lento como en muchos otros cactus de la región.

"Cataviña, está dentro de un Área Natural Protegida llamada "Valle de los Cirios" que ayuda a conservar organismos en peligro de extinción."
Además de L. schottii y L. tridentata, también me encontré a dos especies del género Lycium en la primera parada previo a llegar a Cataviña.
El género pertenece a la familia Solanaceae, de donde podrán reconocer a los tomates (Lycopersicon sp.), las papas (Solanum sp.), los chiles (Capsicum sp.) y el tabaco (Nicotiana sp.). Es conocido que los alkaloides (que en exceso o mal manejados son perjudiciales para nosotros) habitan diferentes especies de esta familia; no por el hecho de que podamos comer un guisado de papa con tomate y chile significa que las especies relacionadas sean comestibles. Por fortuna el género Lycium es un poco más noble, sus pequeños frutos rojos tienen un sabor a pimiento dulce.
Debo admitir que no es un género de plantas que haya estudiado mucho. Por donde me encuentro no hay muchos individuos cercanos, pero ya he tenido oportunidad de verla en otras salidas, la puedo reconocer y diferenciar entre otros arbustos. Las especies pertenecientes al género Lycium pueden dividirse en dos grupos:
Individuos con tallos y hojas generalmente glandulares o,
Individuos con tallos y hojas glabros o puberulentos con vellosidad sin glándulas.
Las glándulas en botánica, son cuerpos esféricos que se encuentran en la epidermis de la planta o en la punta de los vellos. “Glabro” significa liso, sin vellosidades, y “puberulento” significa con poca vellosidad.
Una lupa especial para observar plantas ayuda a detectar estas diferencias sutiles en campo. Algo curioso que me pasa es que antes de poner ojo al detalle a veces noto unas figuras geométricas en los huecos que hay entre las múltiples ramas de estos arbustos.

Como resultado de mi poca experiencia con el género y sabiendo que será dificil definir especie puesto que las fotos que obtuve de ellas y el tiempo que estuve observándolas no fueron suficientes, decidí recurrir plataformas como iNaturalist.org, bajaflora.org y algunos herbarios en línea para recabar información sobre las plantas que observé. Por la región donde estaba, las posibilidades se redujeron a tres especies: Lycium brevipes, Lycium californicum y Lycium andersonii. Aunque no se pueda hacer una identificación oficial, quise hacer unas comparaciones entre esas tres especies, las cuales, guiándonos por las características del género expuestas anteriormente, pertenecen al segundo grupo.

Uno de los ejemplares que tuve enfrente tenía hojas muy pequeñas y suculentas, y el otro ejemplar tenía las hojas un poco más alargadas. Las hojas de los arbustos de Lycium, dentro de la región desértica de B.C., suelen ser semi-caducas en temporada de verano, saliendo a relucir cuando el agua y el frío se hacen presentes. En las próximas fotos se podrán ver acomodados ejemplares de las tres especies recolectados en las estaciones de verano - otoño e invierno - primavera.


Decidí también juntar fotografías de estas especies que tomaron expertos en botánica como Sula Vanderplank y Jon Rebman:

En estas últimas fotos podrán ver que los pétalos de L. brevipes son un poco más alargados que las de L. andersonii. Los pétalos de L. californicum son más claros y sus hojas más redondeadas y suculentas respecto a las otras dos.
Las hojas de L. californicum según las claves de identificación del Herbario de Jepson, se clasifican como carnosas, planas a redondas midiendo de 3 a 10 mm. En el caso de L. brevipes las hojas son verdes obovadas, no glaucas, de 5 a 15 mm de longitud, y en L. andersonii son lineares-oblanceolados, gruesos, carnosos y más o menos planos con medidas de 3 a 15 mm, algo parecido a la descripción de L. californicum.
Otra de las características que se deben tomar en cuenta para la clasificación y distinción entre estas especies son los frutos, ver si son fruto drupa o fruto baya. En el fruto drupa el centro está endurecido y podemos encontrar ahí una o más semillas tal y como la estructura del durazno y del coco, pero en pequeño. El fruto baya en comparación es carnoso con pulpa y justo en esa parte es donde las semillas de la planta se encuentran. Tenemos a las uvas y el tomate como ejemplos de este tipo de fruto.
Definir cuál es cual no es tarea fácil como ya se podrá observar. Además de esto hay que agregar otra variable que pasa mucho en la naturaleza y que a veces se olvida cuando se está identificando plantas: la hibridación. Estas especies de Lycium pueden reproducirse entre ellas, generando individuos con las características de dos especies distintas haciendo más compleja su identificación.
Me gusta encontrarme con plantas que ponen un reto para ser nombradas. La vida silvestre desafía constantemente la necesidad del humano de acomodar todo en categorías estrictas, por eso los taxónomos están repensando casi todo el tiempo las formas en que se clasifican a los seres vivos, y los científicos y divulgadores tenemos que estar corriendo tras ellos para actualizarnos con la nueva información que generan. Personalmente creo que también muchos seres vivos se rehúsan a encajar en un sistema tan cuadrado, aunque esto no es nada más que un esfuerzo por comprenderlos.
Con estas últimas especies termino este primer relato del viaje a Cataviña. Estaré feliz de compartir la siguiente parte de este viaje donde mostraré otras especies que encontré al llegar a Cataviña.

Espero hayan disfrutado este pequeño paseo por el desierto sonorense, no olviden compartirme qué fue lo que más les gustó, qué información les pareció interesante, qué cosa no sabían o simplemente si disfrutaron la lectura. Muchas gracias por llegar hasta aquí, nos leemos pronto.
Escrito por Karla González
Editado por Marcela Daneman
Con algunas correcciones hechas por Paola Delgado y Jean Ávila
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Consultas de información:
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